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Ausencia

 
 
Ausencia.
Te busco en los rincones de mi alma.
Te busco en las caricias vacías.
Te busco en los trozos de mi corazón.
Te busco en el reflejo de mis pupilas.
Te busco en el hueco de mi almohada.
Te busco en el umbral de mis sueños .
Te busco en la agonía de cada atardecer.
Te busco en el latido de mi soledad.
Ausencia.
Ausencia.
Ausencia.
Me duele tu ausencia.
 

Aire

 
 
Aire que me rodea, me acaricia, me susurra,
aire que me besa llenando mis pulmones de sueños
y vertiendo en mi alma poderes de resurrección.
Aire que me acunó cuando tuve frío en la montaña
y me despertó cuando caía vertiginosamente
acercando mis alas al posible no ser del despertar.
Aire que me golpea con ritmo lejano cuando subo,
y me enfrenta a mi realidad cuando me escapo.
Aire que me protege de los malos recuerdos y
alimenta mi presente con ráfagas limpias.
Aire que me libera de tantas y tantas cadenas
que envuelven mi mente torpe y terca.
Aire que me enfrenta a lo que soy y me recuerda
que debo cuidar  las alas de  mi vuelo interior.
Aire en el que suspendida puedo detener el tiempo
y el espacio, y en un segundo ser y no ser,
amarte y no amarte, sentirte y no sentirte.
Aire que lleva mis besos solitarios y tibios a tu lado.
Donde tú estés.
Donde yo esté.
El aire siempre nos unirá.
 

Simplemente soy

 
Cuando vuelo suspendida en mi aliento
disolviéndome entre nubes
y acariciando el sol,
no soy nada ni nadie.
 
Cuando puedo sentirme éter
y volar lejos y cerca de mí
presintiendo mi alma eterna,
respiro montañas azules.
 
Cuando tu recuerdo me llena
de ráfagas de sonrisas y
mi corazón asciende en tu ladera,
me siento niñaleona con alas de fuego.
 
Cuando los segundos
se expanden infinitos en el aire
y vuelo extasiada y feliz
me llueven sonrisas en el alma.
 
Cuando me embarga la luz
doy gracias al sol,
a la tierra, al agua, al viento,
doy gracias al río de mi sangre
que grita que estoy viva.
 
Porque no soy nada ni nadie.
Simplemente soy.
 
 

Viento

Viento para descansar acurrucada en tu almohada,
para poder respirar tus sueños,
para adormecer mi soledad.
 
Viento para sentirte volar,
para soportar la montaña en mi pecho
y devorarte silenciosa en la madrugada.
 
Viento para desaparecer en ti
y en ti renacer  después de una noche
de transparentes aguas.
 
Viento que me toque el alma ,
que me empuje,
me sacuda,
me desnude.
 
Mis alas abiertas respiran vientos de presentes eternos.
 
 

Volé

 
Volé a pesar del miedo, a pesar de la tristeza, a pesar de mis pesares.
Volé alejándome de la generosa ladera invadida de colores.
Volé centrando mi tristeza en el vértice de mi vela, inclinando mi soledad en una térmica.
Volé subiendo en giros cerrados, interpretando mi propia danza solitaria.
Volé hasta encontrar mi espacio de silencio interior y entrar en el.
Volé sintiendo la caricia del  viento en mi pelo.
Volé hamacándome entre nubes suaves y dulces.
Volé hasta que el dolor desapareció detrás del azul.
Volé y  sonreí libre y feliz de ser parte del cielo.
Volé en mí, un vuelo de reencuentro con mis alas perdidas.
Volé y recuperé ese trozo de corazón que te había dado.
Volé rescatando mi alma del abismo.
Volé.

Mas allá de la Dunas

 
 
Arena acompañada de sombras
que me envuelven.
Un vuelo de sonrisas complices,
una mañana limpia llena de viento y
una noche de lluvia inundando mis ojos.
 
Pude, quise, .....
Tocar los sueños a veces
significa perder las alas.
Un segundo cálido me compensó
la tarde fría en verano.
 
Ni tuya ni de nadie,
abandonada en tus besos
me dormí seis noches
y seis mañanas desperté
como las primeras y las últimas.
 
Volé, más allá de las dunas,
más allá de mi cuerpo,
más allá de mi soledad,
más allá de tu soledad.
 
Sentí cómo me quemaba
tu suave y ronca voz
acariciando mi alma un instante,
solamente un instante eterno,
que me devoró el corazón.
 
Sin mañanas,
a la deriva de un hoy constante,
aquí, en el hueco que forma
el viento y el vuelo del  águila,
te presiento.
 
Aquí, en el profundo vacío
que sostengo en mi mano,
te recuerdo.
 
 

A veces

  
A veces, sumergida en mis pensamientos, doblo la arista de mis neuronas cansadas y reposo, suavemente, en el abismo de mi incertidumbre.
A veces, cuando los escalones de mi espera se hacen cada vez más largos y anchos, y el color de mis retorcidas lágrimas se seca, me siento lejana y ausente.
A veces, cuando el viento no ruge, el calor no quema, el frío no congela y tus ojos no me miran, los articulados pasos de mi incansable corazón se vuelven lentos y resoplan heridos.
A veces, cuando no tengo vuelos que alimenten mi alma , me vuelvo pesada, inerte, como pegada a una densa niebla que no quiere disipar mis pensamientos de abismos solitarios.
A veces, cuando en el espejo no me encuentro y  no te encuentro, me nacen infinidad de nuevas telarañas de recuerdos secos que abandonan las sillas rotas.
A veces, cuando tengo lejos las montañas, cuando no siento la brisa en mi cara , no me acaricia el desasosiego del vuelo y el cosquilleo mágico del despegue es como un eco de lejos escuchado, mi caparazón se endurece y se agrietan mis inalcanzables sueños.
A veces, solo a veces, cuando pierdo mi sabor, cuando desvinculada del mundo palpable me descubro escondiendo mis manos vacías en la inmensidad de la noche que me aprisiona, solo a veces, dejo de ser y ralentizo mis latidos a un mínimo sordo y apagado.
A veces...solo a veces.... tengo que desaparecer en mí para renacer de nuevo en mí...
Por eso, no me busques cuando el viento  y el olor a verde no atraviesen tu piel, porque herida y sin alas estaré, sin estar,  en el hueco que guarda mis sueños,
esperando abrir los ojos para despegar.

Quiero...

  
QUIERO
SUSPENDERME EN EL CIELO
Y PERMANECER ETERNA
SIN ATERRIZAR EN TU RECUERDO.

Aléjate

No vueles en mi horizonte,
no aterrices en mi alma,
no aceleres mis latidos
...aléjate....
 
Déjame en mi mundo de nubes,
déjame cruzar el cielo
con el viento en la cara
y la mirada
atravesando montañas.
 
No quiero respirarte,
ni presentirte,
ni anhelarte.
 
Porque me pierdo
en el remolino de tus besos
y desaparezco entre
el relieve de tu cuerpo.

Te presiento

 
En el cielo te presiento,
cerca de la montaña,
ajeno a la tierra
y señor del viento.
 
Y por mi boca
se escapan
trozos de nubes blancas,
y por mis pupilas,
ráfagas tibias.
 
Y dentro, muy dentro,
en el espacio
ilimitado de mi alma,
vuela tu imagen
y sonríe mi corazón.
 
No me despiertes,
déjame volar...

Aqui estoy...

 
  Aquí estoy, entre cielo y tierra,
detrás de las nubes,
enroscada en tus térmicas
que me rodean,
deslizándome en las ascendencias
que elevan mi cuerpo hacia ti.
 
Aquí estoy, entre cielo y tierra,
disolviéndome entre las ráfagas
de tu boca y dejándome
atravesar por la tormenta de tu ser.
 
Aquí estoy, entre cielo y tierra,
agitándome entre las turbulencias de tus ojos,
acelerando mi vuelo para descender en ti.
 
Aquí te espero, entre cielo y tierra,
donde todo es posible.
 

En el cielo...

 
 
Las alas abiertas
el impulso sostenido
y el alma atravesando el cielo.
 
 
Tengo los ojos  llenos de nubes
y un sabor a libertad que
me sube desde el pecho
y se escapa por mi boca
respirando sonrisas.

Volando...

 
 
Y mis alas se expanden infinitas...
y giro en medio de mi propio torbellino...
y sonrío.
 
_________
 
Es inevitable..., en el cielo
mi pensamiento pilota hacia ti...
otros vuelos, otras térmicas me atraviesan...
 
_________
 
Volando en mi interior,
acariciando las nubes de mi alma
descubro el viento de mi libertad
en mi corazón que ruge feliz.

Vivir, volar, soñar...

 
Cada vez que estoy en la montaña, nerviosa por mi despegue,
siento cómo la magia nos acompaña cada día,
en esos pequeños momentos en que una sonrisa se dibuja en mis labios, 
mi corazón baila feliz y mi cuerpo difumina
sus límites y se entrega a la libertad del cielo.
Volar hace que, a pesar de los pesares cotidianos, me sienta feliz,
 y ese es el mayor regalo que me trae el viento en cada vuelo,
en cada inclinación de mi alma que busca elevarse
en las alturas posibles e imposibles
que me contienen y que son contenidas por mi.
Porque he caminado muchos años sabiendo
que algún día encontraría mi despegue...
y ha llegado justo cuando estaba preparada para disfrutarlo.
Volar, como vivir, es una aventura que merece la pena.
Un sueño que tuve a los 10 años me trajo hasta aquí,
 y esa niña hoy me mira y me sonríe desde el espacio- tiempo,
me sonríe feliz de haber encontrado su despegue...
me sonríe y vuela... al fin, vuela.